Señorita,
Se llamaba Paty, de cariño le decía Patricia y hasta donde la valentía me da hasta ahora solo puedo decir eso de ella. Comenzaré describiendo mejor el colegio donde la conocí de formación estricta y el cual la predominancia femenina hacía estragos en mi autoestima y dificultaría mis futuras relaciones de manera que me persigue en sueños hasta ahora, Paty. Comenzó el colegio para mí, los demás, ya habían estado sentados en clase y de pie en formación por dos semanas, pero recién llegaba yo, con la tranquilidad que siempre me caracterizó, era un colegio nuevo para mí, ya antes había visto niños caminando con ese uniforme opaco. No conocía a nadie el primer día de clases solo al director porque era amigo de mi mamá y gracias a ella había entrado, claro con la característica de ella pues pobre de él si no me admitía en ese colegio donde ella tenía tanta influencia, pobre director, y para naturalidad mía, había llegado dos semanas antes de que empezaran las clases de Arequipa y tenia las fotos para la matrícula tamaño carné de hace 3 años cuando medía la mitad de lo que medía en ese momento, claro eso se percibía poco en las fotos, pero si las huellas de los últimos estragos que los sellos de las instituciones por las que había pasado, ya que "asistir" sería un verbo incorrecto, quizá físicamente lo hice la mayoría de veces, pero presencialmente ausente, las fotos iban a estar ahora en mi agenda castigadora, era un cuadernillo extraño, uno lo llevaba para su propio suplicio, en fin, Patricia. Después de esta sacudida y reestructuración en la historia llegué a Lima, y mi madre me espera ya no con el cabello negro azabache con el que yo la conocía, quería como siempre tomar un taxi, pero era tan pobre mi equipaje que no le vi utilidad, me preguntaba como había sobrevivido tanto tiempo en la cuidad Blanca con tan poca ropa, me había confundido... no para que mentir, había sido obra y gracia de mi tranquilidad, olvido y las ganas de mi madre de liberarse de mi y cuando me veía subir al avión se le quebraba el corazón, me abrazaba y me besaba la mejilla tan fuerte que ya para qué quitarme el lápiz labial de mi cara si sabía que no lo iba a quitar nunca de ahí sin los elementos necesarios y pronto lo iba a olvidar hasta el siguiente cepillado de dientes obligado y que después de meditarlo, lo iba a dejar de lado hasta el baño del día siguiente, no importaba si manchaba las almohadas del cuarto de visitas, de mi tía o de mi abuelito donde dormía, tenia la preferencia del consentimiento única en esa ciudad. Historia que pienso relatar luego de la principal, dejando siempre vacíos para el desmoronamiento de unos y fascinación de otros. Busqué con la mirada tan tonta queriendo saber cual de todas las filas, en formación mirando a la bandera y al director, era la mía, naturalmente no la iba a encontrar, pero igual suponía que tenía que empinándome la iba a encontrar cuando seguidamente sentí una presencia pintoresca esas presencias que te llenan de risa cuando las observas, una señora gordita, de trato un poco brusco, pero amoldable, criticó mi pantalón blue jean con el que había ido al colegio, la corregí, primero suponiendo identificarme como el hijo de mi señora madre, pero preferí ganármela yo solo y no a la fuerza. Le dije que no había comprado el pantalón pero que justo eso mi mamá, anónima por el momento, me había encargado me indicó con una mueca graciosa cual era la fila que me correspondía y donde podía ir, en el recreo, a averiguar lo de mi pantalón. Me fui a mi respectiva fila, no había ningún hombre, justo ese día a los únicos tres de mi salón se les ocurría llegar tarde. Las niñas me miraron sonriendo señalando mi pantalón el cual lucía impecable y que pronto se iba a convertir en el último de mi cajón por un intento fallido de modernidad. Supuse que pararme delante iba a costarme caro, por la vestimenta, pero igual lo hice por mis características ya mencionadas. Después de cantar del himno nacional pasamos todos a los salones, la escolta se había retirado habiendo dejado en alto la bandera, entramos en el salón segundo piso de un nuevo bloque que justo estaba recién inaugurado. Me senté en el ala derecha del salón, junto a las ventanas como siempre, y todas las niñas se me quedaron mirando, ¿acaso mi mamá me había dejado otra huella en la mejilla de su amor? No me interesó como cualquier otra cosa y después de quince minutos entraron los tres tardones, con la agenda en la mano se sentaron lejos de mi, fue ahí que estando todos, veinte mujeres y cuatro hombres contándome, que el tutor, profesor de educación física, me hizo presentarme ante todo el salón, algo que supongo hice casi instantáneo y poco original, algo extraño debió pasar ya que lo he eliminado completamente de mi memoria, pero fue cuando preguntando algo insólito para un niño de mi edad, mi profesor se sorprende y me manda a sentar al centro, lo cual objeto por mi ligera desviación visual que tenía, invención muy original de mi época incluso sin tener anteojos, resolvió mi pregunta dejando casi en la luna a todos los presentes, las matemáticas eran sencillas por que lo voy a negar, entonces me di cuenta que una de las niñas que me miraba lo hacía de manera diferente a las demás, los hombre como yo, pensando en las musarañas en la luna para variar, pero esa mirada me penetraba los ojos, sus ojos. La valentía ya la he ido guardando. A la salida conversando con el único amigo que había podido hacer y su hermano, cruzábamos la avenida principal para ir caminando a mi casa, ya que gracias a Dios esta quedaba muy cerca, pero mi amigo tomaba rumbo opuesto al mío y junto a su hermano se fueron tras una despedida furtiva mía, por qué? Por que antes de cruzar la avenida yo había visto a esta niña que me miraba diferente caminando sola en la misma dirección que iba a tomar yo, casi la había alcanzado, el semáforo en rojo para ella me daba ánimos para acorralarla a 5 pasos de ella este cambia intempestivamente, pero ella se da cuenta de mi presencia y en vez de cruzar la nueva avenida, me espera y cuando a mi se me pierden por completo las energías y sigo caminando de frente para evitarla, ella camina junto a mi, yo la saludo cortésmente y felizmente comenzamos a caminar juntos, al entrar a la calle de mi casa, una extraña sensación de creer conocer su casa me hace detener en una esquina y esperar, ella me preguntó si vivía allí, y por que si la respuesta había sido que no todavía seguíamos ahí parados en la esquina, le encontré gusto a su manera de hacerme quedar como un tonto, no como todos los demás que me trataban como un poco más inteligente de lo que era, llegamos a mi casa y viendo que mi papá salía con el carro aproveché para entrar corriendo con ella por la puerta del garaje antes que mi papá nos aplaste, atrás estaba la otra camioneta, esa con las luces de emergencia que mi papá usaba en viajes largos, pasamos por la sala, le dije que si quería se podía sentar, subí a mi cuarto a dejar mis cosas, ya que si no lo hacía cualquiera de mis padres podía ver en mi agenda, no puede ir con blue jean al colegio y que tengo que tengo que llevar todos los cuadernos de los cursos que me tocan ese día. Bien escondida mi mochila bajé y ella ya estaba sentada en el comedor almorzando con mi mamá, me sorprendió la manera tan locuaz de entablar amistad con mi mamá era la falda que usaba ploma con rayas verticales lo que quizá a mi me volvía loco a mi mamá le encantaba, una camisa blanca y su cabello lacio sus ojos caramelo, su inocencia para ganarse a mi mamá de esa manera tan contundente, no sabía si lo hacía a propósito o simplemente era ella misma conmigo y con mi mamá, mi papá al irse me guiñó el ojo, qué habría supuesto.