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Terra
La Coctelera

Despierta!

Señorita,

Se llamaba Paty, de cariño le decía Patricia y hasta donde la valentía me da hasta ahora solo puedo decir eso de ella. Comenzaré describiendo mejor el colegio donde la conocí de formación estricta y el cual la predominancia femenina hacía estragos en mi autoestima y dificultaría mis futuras relaciones de manera que me persigue en sueños hasta ahora, Paty. Comenzó el colegio para mí, los demás, ya habían estado sentados en clase y de pie en formación por dos semanas, pero recién llegaba yo, con la tranquilidad que siempre me caracterizó, era un colegio nuevo para mí, ya antes había visto niños caminando con ese uniforme opaco. No conocía a nadie el primer día de clases solo al director porque era amigo de mi mamá y gracias a ella había entrado, claro con la característica de ella pues pobre de él si no me admitía en ese colegio donde ella tenía tanta influencia, pobre director, y para naturalidad mía, había llegado dos semanas antes de que empezaran las clases de Arequipa y tenia las fotos para la matrícula tamaño carné de hace 3 años cuando medía la mitad de lo que medía en ese momento, claro eso se percibía poco en las fotos, pero si las huellas de los últimos estragos que los sellos de las instituciones por las que había pasado, ya que "asistir" sería un verbo incorrecto, quizá físicamente lo hice la mayoría de veces, pero presencialmente ausente, las fotos iban a estar ahora en mi agenda castigadora, era un cuadernillo extraño, uno lo llevaba para su propio suplicio, en fin, Patricia. Después de esta sacudida y reestructuración en la historia llegué a Lima, y mi madre me espera ya no con el cabello negro azabache con el que yo la conocía, quería como siempre tomar un taxi, pero era tan pobre mi equipaje que no le vi utilidad, me preguntaba como había sobrevivido tanto tiempo en la cuidad Blanca con tan poca ropa, me había confundido... no para que mentir, había sido obra y gracia de mi tranquilidad, olvido y las ganas de mi madre de liberarse de mi y cuando me veía subir al avión se le quebraba el corazón, me abrazaba y me besaba la mejilla tan fuerte que ya para qué quitarme el lápiz labial de mi cara si sabía que no lo iba a quitar nunca de ahí sin los elementos necesarios y pronto lo iba a olvidar hasta el siguiente cepillado de dientes obligado y que después de meditarlo, lo iba a dejar de lado hasta el baño del día siguiente, no importaba si manchaba las almohadas del cuarto de visitas, de mi tía o de mi abuelito donde dormía, tenia la preferencia del consentimiento única en esa ciudad. Historia que pienso relatar luego de la principal, dejando siempre vacíos para el desmoronamiento de unos y fascinación de otros. Busqué con la mirada tan tonta queriendo saber cual de todas las filas, en formación mirando a la bandera y al director, era la mía, naturalmente no la iba a encontrar, pero igual suponía que tenía que empinándome la iba a encontrar cuando seguidamente sentí una presencia pintoresca esas presencias que te llenan de risa cuando las observas, una señora gordita, de trato un poco brusco, pero amoldable, criticó mi pantalón blue jean con el que había ido al colegio, la corregí, primero suponiendo identificarme como el hijo de mi señora madre, pero preferí ganármela yo solo y no a la fuerza. Le dije que no había comprado el pantalón pero que justo eso mi mamá, anónima por el momento, me había encargado me indicó con una mueca graciosa cual era la fila que me correspondía y donde podía ir, en el recreo, a averiguar lo de mi pantalón. Me fui a mi respectiva fila, no había ningún hombre, justo ese día a los únicos tres de mi salón se les ocurría llegar tarde. Las niñas me miraron sonriendo señalando mi pantalón el cual lucía impecable y que pronto se iba a convertir en el último de mi cajón por un intento fallido de modernidad. Supuse que pararme delante iba a costarme caro, por la vestimenta, pero igual lo hice por mis características ya mencionadas. Después de cantar del himno nacional pasamos todos a los salones, la escolta se había retirado habiendo dejado en alto la bandera, entramos en el salón segundo piso de un nuevo bloque que justo estaba recién inaugurado. Me senté en el ala derecha del salón, junto a las ventanas como siempre, y todas las niñas se me quedaron mirando, ¿acaso mi mamá me había dejado otra huella en la mejilla de su amor? No me interesó como cualquier otra cosa y después de quince minutos entraron los tres tardones, con la agenda en la mano se sentaron lejos de mi, fue ahí que estando todos, veinte mujeres y cuatro hombres contándome, que el tutor, profesor de educación física, me hizo presentarme ante todo el salón, algo que supongo hice casi instantáneo y poco original, algo extraño debió pasar ya que lo he eliminado completamente de mi memoria, pero fue cuando preguntando algo insólito para un niño de mi edad, mi profesor se sorprende y me manda a sentar al centro, lo cual objeto por mi ligera desviación visual que tenía, invención muy original de mi época incluso sin tener anteojos, resolvió mi pregunta dejando casi en la luna a todos los presentes, las matemáticas eran sencillas por que lo voy a negar, entonces me di cuenta que una de las niñas que me miraba lo hacía de manera diferente a las demás, los hombre como yo, pensando en las musarañas en la luna para variar, pero esa mirada me penetraba los ojos, sus ojos. La valentía ya la he ido guardando. A la salida conversando con el único amigo que había podido hacer y su hermano, cruzábamos la avenida principal para ir caminando a mi casa, ya que gracias a Dios esta quedaba muy cerca, pero mi amigo tomaba rumbo opuesto al mío y junto a su hermano se fueron tras una despedida furtiva mía, por qué? Por que antes de cruzar la avenida yo había visto a esta niña que me miraba diferente caminando sola en la misma dirección que iba a tomar yo, casi la había alcanzado, el semáforo en rojo para ella me daba ánimos para acorralarla a 5 pasos de ella este cambia intempestivamente, pero ella se da cuenta de mi presencia y en vez de cruzar la nueva avenida, me espera y cuando a mi se me pierden por completo las energías y sigo caminando de frente para evitarla, ella camina junto a mi, yo la saludo cortésmente y felizmente comenzamos a caminar juntos, al entrar a la calle de mi casa, una extraña sensación de creer conocer su casa me hace detener en una esquina y esperar, ella me preguntó si vivía allí, y por que si la respuesta había sido que no todavía seguíamos ahí parados en la esquina, le encontré gusto a su manera de hacerme quedar como un tonto, no como todos los demás que me trataban como un poco más inteligente de lo que era, llegamos a mi casa y viendo que mi papá salía con el carro aproveché para entrar corriendo con ella por la puerta del garaje antes que mi papá nos aplaste, atrás estaba la otra camioneta, esa con las luces de emergencia que mi papá usaba en viajes largos, pasamos por la sala, le dije que si quería se podía sentar, subí a mi cuarto a dejar mis cosas, ya que si no lo hacía cualquiera de mis padres podía ver en mi agenda, no puede ir con blue jean al colegio y que tengo que tengo que llevar todos los cuadernos de los cursos que me tocan ese día. Bien escondida mi mochila bajé y ella ya estaba sentada en el comedor almorzando con mi mamá, me sorprendió la manera tan locuaz de entablar amistad con mi mamá era la falda que usaba ploma con rayas verticales lo que quizá a mi me volvía loco a mi mamá le encantaba, una camisa blanca y su cabello lacio sus ojos caramelo, su inocencia para ganarse a mi mamá de esa manera tan contundente, no sabía si lo hacía a propósito o simplemente era ella misma conmigo y con mi mamá, mi papá al irse me guiñó el ojo, qué habría supuesto.

Peaje

Miro las consecuencias de la vida y porque no, sus coincidencias, ahora estoy en un proyecto de asfaltados y no es eso lo que me ha hecho inferir sino es una foto la que me hace recordar lo que les voy a contar: se suponía que debíamos estar tranquilos, que era un simple viaje juntos y que nadie podría interferir, pero lo contrario de la nada pudo hacer algo entonces sobre eso no creamos ninguna afirmación ni resolución absoluta. Partimos bajo mi lealtad a las carreteras y a la melancolía que en ellas encuentro. Subimos, el viaje duraba aproximadamente dos hora, nos recordó la maquillada terramoza, pobre pareciera que tiene los cabellos sujetados con ferocidad, yo no tendría problema que una de ellas rozara con su cabello mi rostro mientras descanso y ella pasa. Partimos y la señorita de cabellos furiosamente atados, para comenzar a realizar sus labores, puso una película que trataba si mal no recuerdo de una familia que había tenido muy mala suerte, la pobreza hizo que el gobierno mande a sus hijos a unos orfanatos y que luego de diez años los padres, que ya lograron recobrar una vida modesta, hacían lo imposible para recuperar a sus hijos, al final los recuperan a todos creo que eran cinco, describo esta película, pues la vi no por interés sino por dejar de lado a mi acompañante que miraba taciturna las vías asfaltadas de la Panamericana Norte que en un tiempo determinado nos iba a dejar en la tierra de los Baños del Inca. Ahí iba ella, yo la miraba de reojo, casi sin parpadear y cuando lo hacía parecía que se iba a quedar dormida, los parpadeos más largos de la historia, quería volverme a ella, dejar de mirarla de reojo, esperar a que ella me devuelva la mirada y abrazarla, y poder ver ambos la pista asfaltada de Panamericana. Pero no, tenía que quedarme callado y viendo la película que ya pronto iba a acabar, ella esperaba que acabe lo más antes posible, yo que apenas acabe pongan otras y esperar a que esta vez ella quede dormida. El primer peaje lo pasamos sin previo aviso pero el segundo, el que estaba en medio de la nada, ese que minutos después íbamos a extrañar cada vez que veíamos la foto de esos otros buses en fila india, no sé como sacó la cámara tan rápido ni como pudo tomar tan excelente foto que ahora nos llena de nostalgia a ambos y que cada vez que la publicamos no es indiferente a los demás contactos. Siempre hay incertidumbre por el origen de tan nostálgica fotografía. En línea y desde una referencia móvil que éramos nosotros, su paciencia para disparar y mi vista que de reojo ya no podía más. Después discretamente volvió a guardar la cámara y se acomodó, me miró, miró sus zapatillas y luego otra vez el asfalto todo era ahora continuo, pasamos por la zona de neblinas y no pudo callar más, Para qué me has traído, preguntó, Para que vea como miras una película de los 60's a blanco y negro o para que vea como miras a la señorita azafata como tambalea con las bebidas calientes y frías, continuó. Dentro de mí pienso que haría la señorita si se le llega a derramar el café sobre el pantalón de una señora malhumorada de esas que siempre hay, pero me doy cuenta de que la pregunta había sido directa y yo había divagado, como siempre, y no le había respondido, Para que pueda ver más estrellas fugaces contigo y seguí viendo la película, ella no sé si sonrió, creo que así fue, porque se pegó a mi lado se abrazó a mi brazo y se recostó en mi hombro, yo seguía viendo la película, no quería distraerla ni arruinar su momento, supuse que iba a ser después y no ahí cuando dejaríamos claras todas nuestras intenciones. Intenciones de mi parte, por supuesto, solo de mirar estrellas a su lado. Minutos después se quedó dormida, la abrigué, no con esas mantillas que encuentras en los asientos del bus, sino con una de ella, o mía, especial que ella había tejido y me la había regalado hace tiempo y cada vez que ella quería se la llevaba y me la devolvía lavada y esperando a que yo la ensucie y le imprecne olor a tabaco, desodorante barato y colonia italiana (y muy de vez en cuando con café) pues mi inutilidad siempre se hizo respetar. La abrigué tenia aroma solo a colonia italiana, que un familiar me había enviado, en su entresueño la ayudé a reclinar su asiento, 360º? Mis pelotas! Pero ella era pequeña y dormía bien, para no alejarla de mi brazo recliné mi asiento y acompañé su sueño, no lo velé porque pocos segundos después de haber terminado la segunda película todo el bus quedó en el más completo silencio por más de la alta densidad geográfica móvil que representaba y la más increíble oscuridad. De vez en cuando un bus o un camión que pasaba en contra nuestra iluminaba instantaneamente su rostro que sobrecojido hacia mí era perfecto, tan cerca y sin poder hacer nada, las reglas no me lo permiten, ella ha caido suavemente en un sueño delicado, frágil, lo sé, quizá no muy dulce, no sonríe, malhumorea, reniega tenuemente y cae otra vez, me busca, aprieta mi brazo, sabe que estoy a su lado, quizá haya despertado no lo sé, tiene los ojos ocuros como todo el bus, no falta el gandalla que tose, pasa otro bus que

Similitud y Complejo.

Claudia,

No pude ni siquera avisarte el viernes de mi incauta ausencia que dudo mucho hayas extrañado. El tiempo desvaría mucho en consecuencia del entorno, tanto posicional como amical, el tiempo es relativo. Me di cuenta que ya eran las 8.00pm o alrededor, cuando una amiga, misteriosamente no la que suponia acompañar ese dia, me dio cuenta de la hora pero magistralmente me dijo "cuando usted guste" a lo que pregunté "¿gusta ahora dama de suave piel, delgada figura, encantadores ojos y garganta lastimada?" simplemente asintió con la cabeza.

Nos despedimos de los compañeros que aún querian quedarse y bajamos al estacionamiento, prendí el carro y me di cuenta que ya todos estaban bajando tambien, sospeche que era la ausencia de la señorita, que en ese entonces ya estaba a mi costado luchando con el aire acondicionado que pude apagar antes que se apague su voz, lo que los habia hecho retirarse, supongo envidiandome celosamente y nadie a ella, supongo vuelvo a aclarar.

Ella vive por un lugar que no te pienso contar, ella me guiaba, yo era sus manos al volante, sabía manejar me dijo, pero quería que aprendiera como llegar a su casa, cosa casi imposible debido a mi infinita distracción, solo me acuerdo de una avenida llamada Madrid, pero hasta ahi queda la descripción del lugar. Al frente de su casa habia un parque, yo miraba un auto antiguo de colección, rojo, de los años 60's pseudodeportivo y ella me invita un café, lugubremente se deslizaba el frio, yo habia fumado aunque no hubiese llovido y de eso recién me percato ahora y me entra una sensación de descontrol que pasaré por alto.

El café era negro, el de ella, le ayudaba a su garganta, el mio no tanto, pero servia para acompañarla y no maltratarme hepáticamente, cuestión que pienso preguntarle en estos días. Ella describia ligeramente su vida, no habiamos hablado mucho antes, preguntaba algunos parametros y variables de la mía pero yo era muy sutíl al describirlos muy práctico como siempre lo he sido. Supongo que le incomodó un poco, me lo demostró al quedarse callada y mirar el remolino que se formaba en su café por consecuensia del movimiento cíclico de la cucharita de plata que tenía sujetada tenazmente con el meñique y el pulgar, yo lo intenté, derramé el café porque para esto tambien soy distraido y torpe, ella rió y se levantó a limpiar, intenté adivinar en cual de todos los cajones que veía por primera vez estaban las servilletas y como la mayoría de veces, no atiné. Después de limpiarme, reirse y burlarse de mi, le hechó la culpa a su garganta, culpa validera, para que a parir de ese momento, sea yo el que dirijiera de manera autoriataria pero solitaria la conversación. Así cumpli su imposición, la hacía reir ya no con el café que ya no tenía pero ella si y luego pasamos a su sala, momento vital de la tarde porque estaba cansado de estar sentado, me apoderé inmediatamente del sillón de 3 piezas y antes de recibir el permiso me heche, seguí haciendola reír, me senté ella se acercó fue un momento medio intenso en el cual decidí marcharme, le dí gracias por el café, jugué un rato con su mano qué me habia prestado, para q no tenga frio en mi viaje a casa me dijo. la seguré a la mía por unos minutos y me despedí. No tengo mucho frío en las manos pensé.

Manejé queriendo volver hasta que dejé el carro en mi cochera y subí a saludar a mi mamá que ya estaba preocupada, fue ahí cuando dejé de querer regresar así no supiera bien como, y eso era quizá lo que me impedía salir hacia ella.

...escribiré después...

Cuidate

....

Claudia,

(viernes 3 de mayo del 2009 23:00 hrs)

...habrás olvidado quizá que aún quedó pendiente la continuación de mi relato, pues mi hidalgo fin de semana no concluyó cuando tomé un libro y me heché a descanzar.

Sobresaltado, relajado por la nueva posición corporal y distraído, esta vez por algo que casi ni me dejaba escojer que libro debia leer aquella noche, me acuerdo que escojí: "Un día de cólera" obra de literatura ligéra, simple como una secuencia de suma de entidades numerales enteras, de fácil entendimiento pero nociva cantidad de nombres, que logra comparar "Vida y destino", esta obra que me proporsionó mi admirable jefe lector asiduo como ya lo describí anteriormente.

Pero esa sensación de salir, parar un taxi y gritarle "a donde derramé un poco de café maldita sea!" Hubiese sido la segunda vez que un taxista me tílde de orate y porque no, me falte al respeto.

Así q llaves y billetera en mano, tomé mi libro y me puse a leer, castigado, casi terminé el libro, de secuencia rápida vale redundar. No tenía ni idea de como regresar a la casa de esta niña que tan sutilmente me habia obligado a llevarla a su casa, porque ya no nos correspondía seguir en una mesa de discuciones económicas, no me acuerdo que música puso, ni si kiera si puso musika o no, total ella no habia indagado en mi CD del auto, como para interesarle la música que yo escuchaba, supuse. Cerca de las 3 de la mañana cuando ya me faltaban pocas hojas por leer, mi celular, el movistar, timbra de manera descontrolada y muda, solo vibra se estremece y cae, lo levanto, contesto y me responden. "estoy afuera de tu casa, sal inmediatamente" me puse un polo manga larga, un short y sandalias, bajé, confié en la tenacidad del sueño de mi madre y abrí la puerta, descontrolada una ex-enamorada, en auto, suplica mi compañia para ver las estrellas como las vimos en una playa muy sureña, a lo q respondo, "yo no pienso manejar hasta allá" esto le quita un poco el estress de su voz y propone melancolicamente " solo hasta cieneguilla " subo a bajar mi licencia de conducir y billetera y emprendemos viaje, dejo una nota, que es suficiente explicacion para apasiguar la preocupación de mi madre, "salí con .... ya regreso".

Recomiendo un cambio de aceite y afinamiento de motor, porque no es mi usual tembladera la que está haciendo que se apague 2 veces seguidas el carro, quizá si, quizá es el frío. Manejo pero no olvido el libro y obligo la lectura del mismo a la niña que esta a mi costado, todavia un poco tensa, usted sabe, para que se le quite un poco el no sé qué. Así lo hace, se equivoca mucho, pero paso por alto todos los errores que ella ni siquiiera persive por el estado en el que está. Con cautela llegamos a Cienegüilla y un poco de miedo a la oscuridad, ella me ayudaba mucho con eso. Me da indicaciones y entramos a un condominio, he sido chofer hoy y me gusta sé seguir indicaciones y me gusta, me dije a mi mismo. Me cuenta, cerrando el libro, que baje el espejo y presione el boton para abrir la cochera, le digo, q va a hacer bulla y vamos a molestar el sueño sagrado de algunos, pero le da igual y ella lo hace, tan caracteristico en ella que me asusté.

Propuso, bajar del carro con dirección a la sala, me negué, pero acepté. salí del carro y hacia mucho frío, tanto que las estrellas parecían copos de nieve que caian y no caían.

...escribiré después...

Cuidece.

....

Claudia,

Esa noche, no se desplegaba sobre la luna una aureola de nubes, tan caracteristico de el cambio de estación que estabamos pasando, con eso de el equinoccio lunar, me inquieté viendo los copos inmóviles y parpadeantes, el frio aumentaba mi distracción, me puse a pensar luego que ella, me quitaba la quietud jalandome de un brazo hacia adentro de la casa, ahí me puse a pensar que una muerte más en mí puede ser probablemente de hipotérmina, me encanta el frio, hasta el punto de disfrutarlo, pero soy manso y llebable a pesar de mis 80 kilos de peso.

Entramos en una sala. apartada totalmente de la casa, que no era grande, pero vestía muy bonito, era de esperar puesto que ella es arquitecta y diseñadora, el exterior perfecto como el interior. Me habia hablado alguna vez, ahora lo recuerdo, de una casa en Barranco que pensaba comprar cuando tenga algo de plata y que iba a decorar y arreglar para que ella viva y si yo quería tambien, yo le mostré mi entusiasmo al querer pasar el resto de mi vida en ese lugar, nos conocíamos hace poco menos de 4 años, ella se había alejado de mi por casi 2 años y sigo sin saber exactamente cual fue el motivo pero se fue, cuando la volví a ver, ella estaba tartamudeando, despues de 2 veces más que nos encontrabamos difícilmente para ella era superar mi presencia, hasta que saliendo de de una de esas reuniones donde habiamos hablado poco, casi nada, después de que había ido a su casa más de 4 veces para ayudarla a hacer unos planos y quedarme dormido en su cama, mientras acababa sus maquetas que yo no podía ayudar, por mi torpeza, después incluso de todo eso ella tenia la necesidad de disculparse y no sé porqué. Ella lagrimeaba y me admiraba, yo la contemplaba pequeña, dósil, delgada, no temblaba simplemente porque era verano, sino ya la hubiese abrazado y abrigado como esa noche de copos de nieve estáticos. El frio nos atacó a los 2, ella vestia una falda larga, un camison y temblaba, yo la abrazaba, piensa muy erróneamente si cree que me puede engatuzar y hacer que regrese con ella, despues de su infantil desición 6 días después del primer beso y fundamento mudo de nuestra relación. Creí advertirle con mi sonrisa eso, pero ella no lo sabía, lo descubrí esa noche.

...escribiré después...

Cuidece.

...

Claudia,

Que después de ya no sentir tanto frio recien serían casi las 4 de la mañana, nos quedaba poco tiempo, a ella le quedaba poco tiempo, ya no hacia frio, ella ya temblaba poco, su infantil comportamiento me hizo recordar las constelaciones que ella misma me había enseñado, la ursa minor, que por el sur, se nos hizo tan dificil encontrar, ahí, desde la sala también. ¿Qué es lo q habrá pensado, qué habrá supuesto de mi disponibilidad? Yo pensaba en la chica que había llevado a su casa 5 horas antes, y qué quizá ella tambien esté despierta, espero que no porque las pastillas q le debieron dar para la garganta de hecho la hicieron dormir, aunque de vez en cuando pudo despertarse pues la garganta es organo fundamental para conciliar el sueño.
Pensando callado sosteniendola callada, se me comenzaron a adormecer el brazo y la pierna del lado izquierdo, para mi mala suerte lo comenté. ella sugirió recostarnos, mi espalda me mataba también pero eso no lo comenté, hubiese sido peor. Despues de un tiempo de tranquilidad y silencio, ella rompió todo, todo lo que yo había fabricado, la tranquilidad, el silencio, se levantó, dio media vuelta y atrevidamente sucedió.

Minutos luego me alejé y traté de elavorar desesperadamente mi tranquilidad y tiritando, mi siliencio. No pude.

Ella aún recostada trataba de aliviar mis inquietudes, consolandome en la oscuridad y sugiriendome que no pensara, que no pensara en nada, el frío me hacía temblar de manera antártica con inmensas amplitudes y descordinadas frecuencias, su culpabilidad que ciertamente ya la comenzaba a sentir no tenía frío, maldita falda, incomoda blusa, la busqué otra vez en la oscuridad, sabía q seguía recostada. impuse mi silencio y mi tranquilidad se la hice notar de inmediato.

Cuando comenzó a salir el sol majestuosamente pero que atolondraba mi vista, ya que los lentes los habia dejado en la mesita de... me dediqué a sentarme y a explicarle mientras dormía que nada de lo que había pasado en la oscuridad hubiera podido cambiar mi modo de pensar, que lo entendiera puesto que simplemente lo que había hecho semanas antes era intolerante y aniquilante de sentimientos de afecto y/o cariño que pude en algún momento tener hacia ella. Se desperto preguntando con quien hablaba, y yo diciendole que con ella, y que no habia escuchado nada, me comentó obviamente, Eso me tiene sin el menor cuidado, imputé. No es necesario escuchar de mi boca esas palabras, pues las palabras del corazon se hacen un nudo en la garganta y solo se pueden leer en los ojos, lee de una vez, que me tengo q ir, le dije con mis ojos.

Y ella entendió.

Prendió el carro, salimos de la casa despertando a los perros de los vecinos y camino a casa lagrimeaba, intentaba no hacerlo pero no podía controlarlo. Sugerí que yo debía manejar, y felizmente llevé mi billetera porque en ese presiso momento me bajó del carro con su mirada que entendí claramente pues su corazón tambien estaba dolido y su garganta asi como la de la otra niña estaba anudada. A esa hora tuve q esperar por buen tiempo el bus que me deje cerca de mi casa. Aún en silencio, mi unica manera de comunicación era alzar el brazo y enseñar mi carné universitario. Llegué a mi casa luego de 30 min y el bus repleto. En mi casa, en mi cama, en mi celular había un mensaje, Llegué bien. Y dormí bien. Está bien, cuando la volveré a ver, cuando terminaré el libro.

...escribiré después...

Cuidece.

Para Claudia, por preguntar.